Ciudades creativas y economía simbólica (y II)
Identificar lo que es una ciudad ha sido tradicionalmente sencillo. El paisaje urbano se ha caracterizado a lo largo de los siglos a partir de una disposición concentrada del poblamiento en el territorio y por la existencia de una serie de rasgos comunes generales (trama urbana, presencia de determinados edificios y equipamientos, estilos arquitectónicos, etc.), aunque éstos pudieran presentar variaciones propias según ámbitos geográficos y momentos históricos, como es el caso de las ciudades europeas medievales respecto de las ciudades coloniales de América Latina, por ejemplo.

Hoy en día, sin embargo, hablar de paisaje urbano se ha convertido en una tarea más complicada, ya que la diseminación de la urbanización por el territorio (el denominado, en términos anglosajones, urban sprawl) ha conducido a que lo urbano presente unas nuevas características que poco tienen que ver con la primera idea que nos suele venir a la mente cuando decimos o escuchamos la palabra “ciudad”

Si difícil se ha vuelto delimitar la categoría “paisaje urbano”, no es menos cierto que el paisaje urbano tradicional se ha visto también enormemente afectado por un fenómeno relacionado con el proceso de globalización: la proliferación de espacios que multiplican los paisajes comunes, indiferenciables, sin personalidad: espacios urbanos banales.
Urbanalización: paisajes comunes, lugares globales, es el título del ensayo que presenta el núcleo de la tesis doctoral de Francesc Muñoz, profesor de Geografía Urbana de la Universitat Autònoma de Barcelona, en el que se reflexiona en torno al hecho de que en la actualidad, y en cualquier parte del mundo, no sólo resulta difícil en ocasiones diferenciar lo urbano de lo rural – y viceversa-, sino que cada vez resulta más complicado identificar a través de la configuración de las ciudades y, en especial, de determinadas partes de estas ciudades, en qué parte del mundo nos encontramos.
Esta cuestión la abordamos en el Programa de Especialización en Planificación Estratégica Urbana de CIDEU bajo la idea de las "ciudades clónicas" utilizando como ejemplo las imágenes siguientes que, aun perteneciendo a una ciudad real y probablemente conocida por la mayoría de ustedes, podrían pertenecer ya prácticamente a cualquier gran ciudad del mundo de hoy en día.
Son unos espacios que Saskia Sassen, que prologa el libro, asocia a “[...]infraestructuras para las economías urbanas avanzadas[...]”; infraestructuras con una apariencia similar en todas partes, a pesar de que puedan efectivamente tener usos más o menos diversos en cada lugar, de acuerdo con las particularidades locales, pero que acaban banalizando a las ciudades.
Muñoz, a partir del análisis de proyectos y programas de transformación urbana de cuatro grandes ciudades (Londres, Berlín, Buenos Aires y Barcelona), nos muestra cómo se repiten una serie de patrones que conducen a esta banalización urbana: “[...]la imagen como primer factor de producción de la ciudad; la necesidad de condiciones suficientes de seguridad urbana; la utilización de algunos elementos morfológicos de la ciudad como el espacio público en términos de “playas de ocio”; el consumo del espacio urbano a tiempo parcial, que implica el predominio de comportamientos vinculados a la experiencia del visitante entre lugares más que a la del habitante de un lugar[...]”.

De esta manera, sin realmente pretender la eliminación de las particularidades y las diferencias entre ciudades, se introducen una serie de elementos que actúan, según el autor, de la misma forma que un ecualizador lo hace con los sonidos: modulando las diferencias de tal manera que el conjunto sea mejor recibido por nuestro oído, igual que se pretende que las ciudades sean “mejor recibidas” por los capitales globales.
Así pues, recapitulando, podemos concluir -dejando abierto el debate- que las ciudades, en especial aquellas que se postulan como "creativas", participan de la economía simbólica tratando de atraer hacia ellas personas, sean residentes o visitantes (de determinados perfiles), y capitales utilizando la imagen urbana. Sin embargo, y dado que tanto residentes, visitantes y capitales por los que se compite son relativamente escasos y hasta cierto punto identificables, se produce la paradoja de que la competencia global entre ciudades por atraerlos deriva en una tendencia a la utilización de estrategias y armas idénticas, lo que se traduce en una imagen urbana repetitiva, de escasa calidad y todavía menor personalidad.
De este modo, se corre el riesgo de que la economía simbólica convierta a las propias ciudades en símbolos de la banalización y, con ello, la planificación estratégica pierda gran parte de su sentido. Como los que deambulamos por este foro no estamos por un futuro tal, debemos afrontar el reto de utilizar la PEU, precisamente, para activar las particularidades locales y ofrecer, así, una personalidad y una imagen urbanas acordes con dichas particularidades.
Ciudades creativas y economía simbólica (I)
¿Qué tienen en común dos noticias recientes: la inauguración del edificio más alto del mundo en Dubai con la declaración de intenciones de Barcelona de optar por la organización de los JJOO de invierno de 2022? A priori, poco o nada más allá del interés de dos ciudades por incrementar su ya de por sí amplia proyección internacional.
Pero este interés, de acuerdo con una reciente investigación de la doctora Montserrat Pallarés, de la Facultad de Geografía de la Universidad Autónoma de Barcelona, representa un ejemplo de cómo el modelo económico que adoptan determinadas ciudades (o, en realidad, el que tratan de adoptar la gran mayoría de las metrópolis mundiales) tiene unas características específicas forjadas durante la última década del siglo XX y progresivamente difundidas a lo largo y ancho del planeta en lo que llevamos del XXI: es la denominada “economía simbólica”.

El término “economía simbólica”, que tiene su raíz en la idea de capital simbólico del sociólogo francés Pierre Bourdieu, encuentra su definición aplicada en el análisis urbano en los trabajos de la también socióloga, estadounidense en este caso, Sharon Zukin que, en su libro Las culturas de las ciudades (The cultures of cities; 1995) nos habla del “proceso de producir de forma consciente espacios como símbolos y como lugares de la ciudad y de la cultura”.
Una historia de excrementos
¿Cuál es el mayor hito médico de los últimos doscientos años? Para la mayoría de expertos, no es la penicilina, ni la anestesia, ni la píldora anticonceptiva: es el saneamiento.
¿Cuál es uno de los factores clave que ha permitido el desarrollo urbano? Contar con un sistema de saneamiento que permite a la gente vivir compartiendo un espacio reducido sin tener que compartir también sus excrementos y los problemas que se derivan de ellos.
No se trata, ciertamente, del tema “estrella” en las campañas electorales; ni siquiera suele ser uno de los aspectos fundamentales en los planes estratégicos, a pesar de que nuestra salud depende, en gran medida, de ellos: los sistemas de saneamiento.

Este es, en cambio, el tema al que la periodista británica Rose George ha dedicado su libro La mayor necesidad. Un paseo por las cloacas del mundo, en el que nos abre los ojos sobre una realidad que muchas veces transcurre inadvertida para nosotros, pero que es un quebradero de cabeza (y de salud) cotidiano para miles de millones de personas. Ghandi, por ejemplo, consideraba el saneamiento era más importante que la independencia.





