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Ciudades creativas y economía simbólica (I)
¿Qué tienen en común dos noticias recientes: la inauguración del edificio más alto del mundo en Dubai con la declaración de intenciones de Barcelona de optar por la organización de los JJOO de invierno de 2022? A priori, poco o nada más allá del interés de dos ciudades por incrementar su ya de por sí amplia proyección internacional.
Pero este interés, de acuerdo con una reciente investigación de la doctora Montserrat Pallarés, de la Facultad de Geografía de la Universidad Autónoma de Barcelona, representa un ejemplo de cómo el modelo económico que adoptan determinadas ciudades (o, en realidad, el que tratan de adoptar la gran mayoría de las metrópolis mundiales) tiene unas características específicas forjadas durante la última década del siglo XX y progresivamente difundidas a lo largo y ancho del planeta en lo que llevamos del XXI: es la denominada “economía simbólica”.

El término “economía simbólica”, que tiene su raíz en la idea de capital simbólico del sociólogo francés Pierre Bourdieu, encuentra su definición aplicada en el análisis urbano en los trabajos de la también socióloga, estadounidense en este caso, Sharon Zukin que, en su libro Las culturas de las ciudades (The cultures of cities; 1995) nos habla del “proceso de producir de forma consciente espacios como símbolos y como lugares de la ciudad y de la cultura”.
Continuación:
En todas las ciudades podemos encontrar símbolos que nos ayudan a identificarlas. En algunas ocasiones se trata de inversiones (públicas o privadas) concebidas ya como tales símbolos, como podrían ser grandes museos u otros edificios emblemáticos. En otras ocasiones, se trata de inversiones con funcionalidades diversas que por algún motivo adquieren dicho estatus simbólico. El resultado, en cualquier caso, es la configuración en las ciudades de una red de símbolos, mayoritariamente culturales (entendiendo la cultura en sentido amplio) que son capaces de ejercer un gran poder de atracción sobre visitantes, pero también sobre potenciales habitantes e inversores, constituyéndose en factores de competitividad urbana de primer orden. A ellos hay que añadir, obviamente, los múltiples eventos de repercusión internacional que pueden llegar a albergar las ciudades y por los que periódicamente asistimos a luchas feroces entre varias de ellas (tanto que las propias ceremonias de proclamación se han convertido en sí mismas en espectáculos mediáticos universales), con el fin de conseguir un efecto atrayente similar.
En el análisis de la doctora Pallarés se asocia claramente este fenómeno con la evolución del papel de la ciudad en el sistema productivo. Así, mientras que en la economía manufacturera la actividad económica buscaba en la ciudad el mercado donde colocar sus productos o, más adelante, en plena época fordista, el lugar donde también reclutar a las ingentes cantidades de mano de obra necesarias para la producción, en los orígenes de la economía terciarizada y del proceso de globalización la ciudad pasa a ser un factor de producción en sí mismo, gracias a las externalidades positivas que es capaz de generar fundamentalmente mediante las economías de aglomeración. En su estadio más avanzado, el de la economía simbólica, se produce una “commodificación” (transformación en bien de consumo) de elementos, espacios, zonas de la ciudad o incluso de la ciudad entera para servir a este fin.

Efectivamente, uno de los aspectos más remarcables de la progresión de este modelo económico es que la simbolización no atañe ya únicamente a ciertos hitos urbanos o equipamientos. La transformación de barrios enteros de las ciudades en símbolos culturales, de creatividad y de innovación tiene claramente este objetivo. Incluso un barrio, como el Ensanche barcelonés, que este año celebra el 150 aniversario de su diseño por Ildefons Cerdà, que tiene en su origen un planteamiento claramente funcional y que durante muchos años fue ignorado y hasta duramente criticado, ha sido rescatado por la ciudad en las dos últimas décadas como un símbolo más de la misma –como prueban precisamente los múltiples acontecimientos organizados en este proclamado Año Cerdà en Barcelona.
Así pues, la pregunta clave en la actualidad a la hora de localizar actividades económicas no es ya dónde se minimizan los costes de producción, sino qué elementos ofrece una ciudad para poder atraer a la mano de obra cualificada de la economía del conocimiento y a los turistas dispuestos a dejarse el dinero por poder demostrar “haber estado allí”.
Una de las cuestiones interesantes a debate alrededor de este planteamiento reside en su ubicación en pleno centro de la dialéctica entre lo local y lo global. La economía simbólica, necesariamente, tiene un sustrato local, fundamentado en el patrimonio, el bagaje cultural y los valores de la ciudad donde se desarrolla. Sin embargo, el proceso de globalización y la dura competencia entre las grandes ciudades por lograr una posición hegemónica, y entre las no tan grandes por “aparecer en el mapa”, ha llevado quizás a una excesiva proliferación de símbolos (o candidatos a tales), muchas veces descontextualizados y a menudo repetitivos, que han derivado en una repetición monótona de paisajes y conceptos urbanos que otro doctor de la misma facultad, Francesc Muñoz, ha calificado como “Urbanalización”.
A ello dedicaremos el próximo artículo.
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4 comentarios
Rey
Estamos trabajando en soclogía flacos cuador a saskia sassen, isabell baker, lourdes benería, david harvey y wallerstein, en donde se genera un debate importante sobre las formas de estado, las redes de ciudades, las luchas de clase, que develan que detrás de las ciudades globales hay procesos de feminización de la mano de obra y de nuevos desplazamientos.
El símbolo como posibilidad de reconstruir y reconfigurar oportunidades de gestión de identidad, pertenencia y gestión de mayores niveles de equidad frente a problemas concretos de la cumulación capitalista que hace de las ciudades nodos de transacciones de capital que pasan por encima de lo naciones y desconfiguran incluso lo local y a veces se manipula lo simbólico en función de las transacciones.
Felicidades por el artículo.












